1970-1999. Crisis del desarrollo


   1970-1999. Crisis del desarrollo

Hola a todos y a todas:

Continuemos con nuestras entregas sobre la evolución y expansión del concepto «DESARROLLO» en las intervenciones de Cooperación.

Si ya sabemos qué es Desarrollo (Ver ¿Qué es desarrollo? si no lo sabes todavía), y ya vimos sus inicios desde el 1949 hasta 1970 (Ver «1949 – 1970. Expansión del desarrollo y su concepto.« hoy os presento «1970 – 1999. Crisis del desarrollo».

“NINGÚN PAÍS NI SOCIEDAD ES POBRE. NOS EMPOBRECEN SISTEMAS OPRESORES”
TIDUS COOP.

Así pues, empecemos:
(Información extraída desde la Universitat Oberta de Catalunya «UOC»)

A principios de la década de los setenta del siglo XX no se puede esconder una obviedad: el sur está peor.

Los conflictos bélicos en su mayoría se han desplazado al sur y la brecha socio-económica entre el norte y el sur se ha incrementado.

Con el desarrollo ha aumentado el subdesarrollo.

Una de las consecuencias es que entra en crisis la relación directa entre crecimiento económico nacional y desarrollo o el interés de priorizar principalmente lo económico sobre lo social. La otra consecuencia importante es que perderá fuerza paulatinamente la idea de desarrollo centrada en los países para volcarse más directamente sobre la herida (beneficiarios o comunidades). En este ambiente aparece el enfoque de las necesidades básicas.

Robert McNamara, presidente del Grupo Banco Mundial en 1972, es el primer cargo de responsabilidad en desarrollo en hablar de priorizar “más las necesidades humanas esenciales; es decir, mejorar la nutrición, la vivienda, la sanidad, la educación y el empleo de sus poblaciones».

De lo que se está hablando es de potenciar la intervención directa y de base a través de proyectos y programas llevados a cabo tanto por gobiernos e instituciones multilaterales, como por ONGD sobre cuestiones concretas.   Este planteamiento no es inocente.

  • Plantea una reformulación del sistema de ayuda de la cooperación internacional donde pierden fuerza los países y ganan las personas.

    O dicho de otra manera, «se resta valor a los gobiernos y se enfoca más sobre los individuos«.

  • Frente a la reivindicación por estas fechas (inicio de la década de los setenta del siglo XX) de mayor soberanía por parte de países del sur para cambiar la naturaleza de sus relaciones con el mundo desarrollado, sobre todo en cuestiones de financiación, comercialización e industrialización-tecnología, este nuevo enfoque habla de cierta injerencia en nombre de actuar directamente sobre las personas más perjudicadas por el subdesarrollo y sus brechas más significativas.

  • Permite una cierta alianza entre instituciones internacionales, las ONGD y ciertos países donantes.
  • Define más sobre qué se debe entender por ayuda. Lo puramente económico a nivel de países pierde fuerza ante sectores prioritarios de intervención.
  • Aunque sea indirectamente, reconoce el trabajo e influencia de las ONGD del norte en el terreno.

El debate sobre el enfoque de las necesidades básicas se mantiene durante esta etapa hasta que se concrete a principios de los años noventa en torno al desarrollo humano. Anteriormente, en medio de una serie de turbulencias y procesos sociales en el planeta, a partir de los años setenta, marcan las propias circunstancias del desarrollo y de las condiciones de los países del sur.

  • La urbanización de la pobreza en el sur. Cuando se iniciaron las políticas de desarrollo en los años cincuenta, el espacio que más se ciñió a la idea de “atrasado» es el de las zonas rurales, donde verdaderamente se concentra la pobreza y la mayoría de la población en esta época. Pero paulatinamente, ante un crecimiento demográfico significativo, se produce un fuerte desplazamiento de población campo ciudad, que provoca que la pobreza poco a poco se despliegue también en las zonas urbanas a través de los barrios periféricos repletos de chabolas. Muchas ciudades del sur, antes ejemplos de desarrollo de un país, se convierten en espacios de concentración de carencias, donde segmentos importantes de población viven de la economía informal o también llamada sumergida.

    Las zonas rurales no pueden absorber su población, los cultivos expansión de exportación expulsan población, pero además, el mundo urbano se aprecia como la nueva frontera de progreso y futuro para muchas personas. Este fenómeno se había producido con anterioridad en muchos países del norte. La diferencia estriba en el hecho de que mientras las ciudades del norte se aprovechan de esta migración en un proceso de crecimiento económico que inserta a la nueva población urbana en los sectores industriales o de servicios, en el caso de los países del sur la población no tuvo la misma oportunidad o salida ocupacional.
    Se convierten en megaciudades, que concentran porcentajes significativos del total de la población de un país pero sin ofrecer garantías económicas o sociales. Este movimiento campo-ciudad es el germen años después de otro de mayor alcance sur- norte.

  • El problema de la deuda y el ajuste estructural. A principio de los años ochenta, el tipo de interés de la deuda sube bastante, así como el valor del dólar.

    Muchos países del sur que han asumido un fuerte endeudamiento en los años anteriores descubren como no pueden hacer frente a lo que representan las nuevas condiciones de éste. Para renegociar el pago de la deuda y recibir más dinero, se ven obligados a llevar políticas de ajuste, que entre otras cosas significan reducir la poca atención social que ya tenían los gobiernos sobre su población, y agresivas actuaciones económicas de limpieza (reducción del déficit público, depreciación de la moneda, etc.) que afectan principalmente a los sectores más vulnerables de la sociedad.  La pobreza se extiende.

Fuente: CRE, 2004.

  • El nuevo frente medioambiental. Cuando nace el desarrollo se cree que el crecimiento económico es ilimitado, entre otras razones porque se considera que la biosfera es inagotable, así como que el progreso científico y tecnológico puede solucionar cualquier problema.

    A partir de los setenta, con el informe “Los límites del crecimiento» (1972) se empieza a cuestionar este pensamiento y además se considera que la pobreza puede ser un fuerte factor de degradación ambiental.
    Ante esta evidencia nace el concepto de desarrollo sostenible.

    Esta nueva sensibilidad marca la agenda del desarrollo con documentos tan importantes como: Declaración de Río o Carta de la Tierra (1992), Convenio sobre el cambio climático (1992) y su protocolo de Kyoto (1997), Agenda 21 (1992), Declaración sobre los bosques (1992) y Convenio sobre la biodiversidad (1992).

  • La visualización de los beneficiarios y las beneficiarias. El concepto de desarrollo nace sin identificar a los posibles beneficiarios de éste.

    Se prima más la secuela que padecen, la pobreza y la necesidad de erradicarla. Ante el fracaso de múltiples iniciativas de desarrollo se concluye que se debe tener más en cuenta el papel de los beneficiarios del desarrollo, la obligación de romper con el verticalismo desde arriba. A esta visión se llega entre otras causas por el trabajo de comunidades de base en América Latina, muy ligadas a la teología de la liberación y la educación popular de Paolo Freire, donde se centra el protagonismo en los sujetos de las comunidades que buscan un desarrollo a partir de la asunción de su propia realidad. En esta dinámica también alcanzan mayor consideración grupos importantes que han descubierto cómo en los últimos años no solamente no han mejorado su situación sino que se ha visto degradada.

    En concreto, colectivos étnicos y mujeres.

    También se benefician estos grupos de los movimientos pro derechos civiles en el norte que han desarrollado un fuerte activismo e incidencia. Comienza a conjugarse de manera significativa un verbo en desarrollo en relación con los beneficiarios: participación.

    Los proyectos empiezan a tener rostros y voces. Y, sobre todo, las mujeres comienzan a obtener el protagonismo que les pertenece.

    En 1976 se crea el Fondo de las Naciones Unidas para la Mujer (UNIFEM); en 1979, la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer dispone lo que se considera la Declaración fundamental de los derechos de la mujer; y en la Plataforma de acción de Beijing (1995) se expone una serie de objetivos estratégicos y modos para lograrlos con el propósito de potenciar el papel de la mujer. Desde un punto más operativo, se articulan herramientas en el terreno, a partir del enfoque de género, para capitalizar y destacar la importancia de la mujer en proyectos y programas.

  • El retroceso de los derechos humanos y la declaración sobre el derecho al desarrollo. El concepto de desarrollo se amparó desde su nacimiento en la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948). Este apoyo es fundamental al priorizar esta declaración a los individuos por encima de las religiones, las etnias e incluso los países. A partir de los años setenta, amplías zonas del sur se ven afectadas por conflictos bélicos, violencia, régimen dictatoriales y persistente violación de derechos, con gran número de desapariciones. Se entiende más que nunca que la paz, la seguridad, la libertad y las garantías de las personas forman parte de la propia idiosincrasia del desarrollo.

    Esto es lo que intenta reivindicar en la declaración sobre el derecho al desarrollo en 1986. Este esfuerzo, por tanto, va encaminado a dar una mayor dimensión al desarrollo. Pero también es un paso más para dejar claro que los individuos prevalecen sobre los Estados en desarrollo (la persona humana es el sujeto central del desarrollo y debe ser el participante activo y el beneficiario del derecho al desarrollo), incidiendo de alguna forma en la nueva óptica basada en las necesidades básicas, que madura pocos años después en el concepto de desarrollo humano.

  • La brecha de las nuevas enfermedades. Con el inicio del desarrollo se percibieron ciertas mejoras, sobre todo a nivel de salud, que permitieron el crecimiento demográfico, pero estas mejoras no se convirtieron en sostenible ante la escasa capacidad de actuación de los estados del sur y la expansión de la pobreza. Con la propagación del VIH-SIDA, muchas poblaciones del sur se ven fuertemente amenazadas por su alto grado de vulnerabilidad. Y otras enfermedades que se creían controladas, como la tuberculosis, se propagan con más facilidad en el sur por escasas condiciones de … ¿resistencia de su población?.

  • La nueva heterogeneidad del sur. Cuando nace el desarrollo se tiene una única concepción del sur y en líneas generales la visión general homogénea se puede asumir para la mayoría de países.

    Pero progresivamente la evolución no es igual para todo y a partir de los años setenta la diversidad en el sur se empieza a constatar con países que consolidan cierto proceso de industrialización, países con materias primas estratégicas (petróleo, gas, uranio, etc.) que les permiten ciertos ingresos significativos, y países que tienen como principal fuente de ingresos materias primas sin un valor importante (café, cacao, azúcar, etc.) y con mercados controlados por el norte. En muchos de estos países o regiones con un importante papel en la agricultura de exportación no estratégica se comienzan a sustituir cultivos tradicionales por plantas que procesadas ofrecen narcóticos de origen orgánico, como la heroína o la cocaína, convirtiéndose a la larga en un motivo más de inestabilidad por la violencia y destrucción ambiental que generan y, a la vez, grandes beneficios por su venta en el norte.

    Esta diversidad del sur es la que provoca al CAD a diferenciar entre diferentes tipos de países a la hora de otorgar la ayuda, priorizando aquellos conocidos como PMA.

  • El incremento de las acciones humanitarias. Los desastres y las víctimas de los desastres se multiplican en el sur, lo que representa el síntoma más palpable del aumento de sus vulnerabilidades. Paralelamente, pues, las intervenciones y el número de actores en torno a estos desastres también aumentan.

Fuente: UNEP.

Fuente: CRE, 2004.

Y además, en relación con este aumento y ciertos fracasos (crisis de los refugiados ruandeses en el Congo, 1994) surge un debate sobre la calidad de esta ayuda del norte.

Intervenir no basta si no se reducen vulnerabilidades con las acciones y sobre todo, algo funciona mal en desarrollo cuando las consecuencias de un desastre en el sur saca con toda su fuerza a la intemperie todas las debilidades y riesgos de las poblaciones del sur. Es en esta dinámica cuando se da la aparición y expansión de iniciativas como el Proyecto Esfera.

  • El desarrollo humano. Ante tantas convulsiones en el sur que marcan el debate en torno al desarrollo en 1990, se da un paso significativo con la aparición del primer informe sobre desarrollo humano del PNUD, que gira en torno a la definición sobre desarrollo humano y el nuevo índice de desarrollo humano, IDH.

No cabe duda de que lo que esconde esta iniciativa es recuperar el enfoque de las necesidades básicas, pero sobre todo la propia idea de desarrollo, muy afectada por el fracaso en el sur.

El informe relativiza la fuerza del incremento de la renta, aceptándola como un medio y no como un fin, y la sitúa al mismo nivel de otras variables que miden, como la esperanza de vida, la educación, y a partir de 1991 la libertad humana, el nivel (índice) de desarrollo humano de un país. También se plantea por primera vez la capacidad del gasto, verificando lo que se aporta y si se dedica a los sectores prioritarios, tanto con respecto a la gestión de los gobiernos del sur como los que ofrecen ayuda desde el norte.

Se entiende como sectores prioritarios aquellos que se empiezan a conjugar a partir de los años setenta desde el enfoque de las necesidades básicas: sanidad primaria, educación básica, agua y saneamiento, alimentación.

Mapa del mundo para el IDH de los diferentes Estados en grandes categorías según el informe 2007/2008.

Mapa del Mundo según el IDH de los diferentes Estados a partir del Informe 2009

Mapa del Mundo según el IDH de los diferentes Estados a partir del Informe 2009

Los diferentes informes del PNUD sobre desarrollo humano que empiezan a salir anualmente permiten cierta evaluación del devenir del desarrollo, y con el cultivo de un tema especial en cada informe no solo se dan a conocer más perspectivas del tema sino que también se ofrecen caminos y soluciones. Aspectos como calidad de la ayuda, eficiencia o tipos de ayuda se empiezan a esbozar. El gris panorama desde los años setenta, que se acentúa en las décadas siguientes con nuevos frentes, obliga a repensar el desarrollo.

Y es que se da un paso importante. Focalizar el contexto en la pobreza o en una óptica económica nos permite vislumbrar una situación estructural, donde el sistema económico determina premisas. Pero a partir de la pobreza, debemos analizar otros factores o dimensiones no tan materiales, que están íntimamente interrelacionados, los cuales nos ofrecen una perspectiva más completa sobre un país o persona a partir de la falta de niveles de bienestar. El índice de desarrollo humano (IDH) busca esta perspectiva.

Por otra parte, el aislamiento de las personas, la inseguridad, la indefensa ante traumas y presiones también se tienen que tener en cuenta (Ver «RESILIENCIA COMUNITARIA«). De esta manera, humanizamos la realidad, identificamos sujetos por encima de números, gráficas o estadísticas y priorizamos el concepto de personas sobre el de víctimas. Como individuo, tener unas determinadas características (género, edad, clase social, etnia, lugar de residencia, etc.) puede determinar sus perspectivas en el sur.

Para discernir esta dimensión, algunas entidades de cooperación empiezan a emplear el término vulnerabilidad, entendido como amenaza o riesgo, que va más allá de la pobreza. Las personas vulnerables son aquellas que corren un riesgo debido a una situación que amenaza su supervivencia o su capacidad de vivir con un mínimo de seguridad social y económica y de dignidad humana. No se entiende esta definición sin su carácter positivo, las capacidades. Se aprecia que hay una negatividad, pero también unas posibilidades en los individuos que se deben catalizar. Permite esta concepción apreciar las vulnerabilidades, y su más que posible respuesta, su positivización, las capacidades. Nos puede servir como resumen como la apuesta definitiva por un desarrollo por, con, para y desde los hombres y mujeres que se conforman en esta etapa.

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